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carta abierta a la militancia

Aboquémonos ya a la recomposición de las fuerzas marxistas

02/07/1999

porLBenCR

 

Decíamos hace 7 años y medio, en el párrafo final de la presentación de la primera edición de Crítica:

 

«(esta revista) Se pone en movimiento para ser vehículo de búsqueda y afirmación, de investigación y debate, tras el objetivo de recomponer en un nivel superior las fuerzas humanas, teóricas y organizativas de los revolucionarios marxistas en América Latina y el Caribe y de allí a todo el mundo. Está en sus manos para resistir la ofensiva del enemigo y preparar la contraofensiva de nuestra clase y nuestros pueblos».

 Hoy el mundo y Argentina están en otra situación. Y nuestra labor debe adecuarse a esos cambios. Tras los mismos objetivos y sin mengua de ellos, otras tareas están planteadas. Como en el momento de poner en pie y sostener esta revista, las exigencias actuales también requieren de la participación y el esfuerzo de miles para realizarse.

Por eso nos dirigimos otra vez a ustedes con un llamamiento. Esta vez para materializar aquello que señalábamos como difícil pero inalterable objetivo: recomponer nuestras fuerzas también en el plano organizativo y disponernos a lanzar la contraofensiva de nuestra clase y nuestro pueblo.

Queda abierta la incógnita de cómo se amoldará Crítica a los requerimientos de esta nueva etapa. No hay dudas, en cambio, sobre la necesidad de afrontar ya mismo y con la mayor energía de que seamos capaces el imperativo de dar cuerpo y existencia -una existencia visible y palpable para millones- a una organización política a la altura de nuestro tiempo y sus perentorias demandas.

De allí el texto que leerán a continuación, con la apelación a que lo tomen en sus manos, lo debatan y reescriban, hasta que podamos llegar a un llamamiento común, firmado por cientos de personas dispuestas a ponerse en primera fila para levantar una bandera roja de indignación por lo que sucede; roja de conciencia por lo que se debe hacer para terminar con esto; roja de decisión y de coraje para hacerlo.

 

Compañeras, compañeros,

Durante la última década fue necesaria una ardua tarea de propaganda en defensa de la continuidad del pensamiento marxista. Era necesario recuperar y afirmar una noción desdibujada por la onda expansiva del derrumbe de la Unión Soviética: el capitalismo es contrario al desarrollo del hombre como ser libre. Había que explicar, igualmente, que la crisis de nuestro tiempo es la crisis del sistema capitalista.

Fue un período dominado por la confusión y desmoralización generalizadas en nuestras filas.

La comprobación de que las vanguardias teóricas y políticas (en todo el amplio espectro que se reivindica marxista) no estaban a la altura de los acontecimientos, debía necesariamente caer como un rayo sobre organizaciones e individuos. La posterior oleada de fracturas que redujo a la nada a estructuras de envergadura, era una consecuencia inevitable. Como lo eran los efectos demoledores sobre decenas de millares de luchadores marxistas.

Pero esa etapa de la historia ha quedado atrás. Ya no es necesario esgrimir argumentos teóricos para mostrar la crisis del capitalismo. Los debates y posicionamientos de la década definieron perfiles y aclararon las aguas. La fragmentación de las organizaciones marxistas llegó a su límite.

También llegó a su fin el tiempo requerido para curar hondas heridas morales en militantes que vieron defraudadas sus esperanzas, malversados sus esfuerzos, conmovidas sus convicciones.

Ha quedado atrás una prueba por demás difícil. Y ha llegado la hora de afrontar las exigencias de una nueva fase en la historia.

 

Poner en movimiento las fuerzas acumuladas

De la adversidad se aprende. De la suma de adversidades se aprende más. En estos duros años se desplomó aquello que a los ojos del mundo representaba el socialismo. Los fundamentos teóricos y las experiencias históricas fueron cuestionadas desde las propias filas. Las masas trabajadoras fueron ganadas por la propaganda imperialista, pese a que simultáneamente se vieron acosadas por la aceleración en la crisis del sistema al que se proclamaba o aceptaba como inapelable vencedor. Sin retaguardia, con las armas trabadas y rodeados por masas en disgregación y retirada, las vanguardias sufrieron tanto o más que el resto de los trabajadores los efectos de la desocupación, el doble empleo, la falta de recursos para sostener la actividad militante.

Tal conjunción diezmó nuestras filas. A las miles de bajas producidas por la represión en los años anteriores se sumaron otras tantas deserciones que, a diferencia de aquéllas, en lugar de abonar nuestro acervo histórico ahondaron heridas y obraron como la herrumbre sobre las vigas que deben sostener la confianza en el compañero.

Por si fuese poco, los intentos de atacar males desconocidos con recursos viejos, provocaron una sucesión de reveses adicionales.

¡Cuántos espíritus generosos e inteligencias con brillo fueron arrastrados por este reflujo histórico que los convirtió en lo contrario!

Que los historiadores contabilicen en el futuro las pérdidas de esta década trágica. Y califiquen nombres y conductas hoy incalificables.

A nosotros nos corresponde, por el contrario, reconocer lo que quedó. Y hallar el modo de recomponer esa fuerza. Porque el sismo que nos golpeó tiene su epicentro en la crisis del sistema que combatimos. A nuestras filas las sacudió, avisándoles acerca de las fuerzas objetivas que no pueden ser neutralizadas con aparatos ni maniobras. Pero a defensores y beneficiarios del capital, les destruyó una por una las columnas del sistema.

Sí: tras una década de sistemáticos reveses, la militancia que quiso y supo resistir, puede observar con confianza el futuro.

Hemos acumulado innumerables enseñanzas teóricas; hemos asimilado una historia que antes pesaba sobre nuestras cabezas como una lápida de mentiras y tergiversaciones; hemos descubierto la diferencia entre los métodos de la acción anticapitalistas y aquellos mecanismos necesarios para sostener y reproducir la ideología de los explotadores; hemos experimentado en carne propia la inviabilidad de fórmulas repetidas para sostener prestigios o aparatos, o simplemente por incapacidad de desentrañar la realidad con las armas de la teoría y la voluntad de la acción. Y si nos observamos con ojos limpios de legañosas mezquindades, si miramos al horizonte en lugar del entorno inmediato, descubrimos que lejos de haber sido aniquiladas, nuestras filas suman decenas de miles, depuradas además de aquellos débiles de corazón y de conciencia que optaron por acomodarse en un rincón del sistema.

Y más importante aún; mucho más importante: si miramos con objetividad veremos que la agudización de la crisis capitalista ha trabajado más que nadie durante esta década para poner a millones de víctimas en condiciones de comprender y asumir una propuesta de lucha anticapitalista.

Como en todo proceso vital, al cabo de un período de grandes cambios históricos tenemos enfrente las fuerzas creadas por el mismo fenómeno cuyos efectos destructivos sobresalieron hasta ahora. Se trata entonces de acometer las tareas necesarias para que tanta potencia acumulada, aunque dispersa al punto de hacerse invisible para la mayoría de sus propios componentes, logre plasmar en expresiones de lo nuevo que pugna por abrirse paso.

Se trata, simplemente, de hacer consciente y visible nuestra propia fuerza. Darle organicidad. Y apuntarla hacia un objetivo preciso: la abolición del capitalismo.

 

Llamado a la acción por el reagrupamiento

Estas son tareas impostergables. Si al agravamiento vertiginoso de las condiciones de vida de las grandes mayorías no se le opone una alternativa clara, intransigente, creíble como tal porque creíbles son las personas y la organización que la levantan, la sociedad argentina rodará sin control por un abismo ya a la vista de quien quiera mirar de frente la realidad.

Por esto, los abajo firmantes, luchadores marxistas de diferentes vertientes, convocamos a trabajar por la realización de una Conferencia Fundacional de un partido revolucionario marxista, comunista, que resulte de la recomposición de nuestras filas actualmente dispersas.

Es posible dar ese paso. De hecho, hay numerosas iniciativas que apuntan a lo mismo y es un reclamo escuchado en todo el país.

Se trata entonces de coordinar esos esfuerzos. Estamos convencidos de que la sola afirmación de una voluntad fundacional con respaldo en un número significativo y representativo de compañeras y compañeros puede obrar como el oxígeno en la sangre para decenas de millares de militantes dispersos y desorientados, anulados por la inexistencia de una organización que los contenga; y para otros tantos jóvenes deseosos de encontrar cauce cierto para sus ansias de lucha.

A partir de allí, alentamos la autoorganización de juntas promotoras en todo el país, que tomen en sus manos la difusión del llamamiento, organicen a su modo el debate y formulen su propia propuesta en relación con el texto original, la cual deberá ser conocida por todos los nucleamientos e individuos empeñados en la tarea, mediante mecanismos que las propias juntas promotoras adoptarán en su momento.

Esta labor preparatoria concluirá con la realización de un primer Encuentro o Conferencia, los días 6 y 7 de diciembre próximo, en lugar a determinar según conveniencias y posibilidades, donde se funcionará según los principios de la democracia directa, es decir, un individuo un voto. De esta manera, en un sentido se iguala a todos los militantes sin partido (hoy la inmensa mayoría) con cualquier fuerza política estructurada; al tiempo que no se niega el papel de organizaciones partidarias o nucleamientos de diverso tipo, dado que podrán pesar en la toma de decisiones en la exacta medida del número de sus integrantes.

Esta metodología no excluye a las organizaciones de tipo partidario. Todo lo contrario. Varias de ellas están formalmente comprometidas en propósitos análogos. La suma de éstas y otras que aún no se han manifestado en este sentido puede ser un acelerador decisivo para la conformación de un partido revolucionario marxista. No se trata de excluir a priori, sino de encauzar una recomposición lo más amplia que la realidad permita. Esto sólo es posible a nuestro entender mediante la constitución de una estructura nueva, sin punto de contacto con la noción de Frente. En un Frente se opera una yuxtaposición de organizaciones, no una recomposición. Esto deja fuera de la capacidad de decisión programática y política a la inmensa mayoría de la militancia. Alienta los acuerdos por compromisos en lugar de definir posiciones y afirmar bases comunes. Y fortalece una dinámica fraccional según las actuales líneas organizativas, en lugar de incentivar replanteos y debates con la participación de toda la militancia partidaria.

La amplitud de la convocatoria, naturalmente, debe tener parámetros. Y para que tenga un sentido práctico realizar tal encuentro, es preciso garantizar un marco básico de acuerdo. Para ello, y como primer paso de esta labor de recomposición, proponemos una plataforma genérica que cada participante deberá asumir responsablemente como condición para participar con todos los derechos. Reproducimos a continuación una propuesta de compromiso básico:

 

Compromiso de acuerdo básico para participar del Encuentro Fundacional de los revolucionarios marxistas

 Yo, ………………………. declaro que:

 I.- Considero que el capitalismo, inmerso en una profunda crisis a escala mundial, no puede ni podrá jamás satisfacer las necesidades elementales del ser humano y que, por lo tanto, la lucha consecuente por los reclamos básicos que hoy aúnan a cuatro quintas partes de la humanidad (trabajo, pan, techo, salud, educación) exige la abolición del sistema y su reemplazo por el socialismo.

 II.- Entiendo por socialista una sociedad en la que los medios de producción y cambio están en manos de los trabajadores libre y democráticamente organizados y autogestionados, quienes a través de sus organismos de masas conducen efectivamente un Estado que garantiza la democracia y los derechos civiles para las grandes mayorías de obreros, campesinos, estudiantes, pequeños y medianos productores, a la vez que ejerce todo su poder de presión contra las fuerzas de la reacción interna e internacional que se le oponen por la fuerza.

 III.- A partir de la experiencia histórica y su síntesis teórica, afirmo mi convicción de que el derrocamiento de la sociedad capitalista sólo puede ser obra de las masas explotadas y oprimidas conscientes de su condición de tales, unificadas en sus propios organismos, ejerciendo democráticamente su protagonismo en la lucha contra el capital.

 IV.- Igualmente, la experiencia histórica y la teoría confirman que el desarrollo de la conciencia de las masas, su organización unitaria según sus intereses de clase y, particularmente, la lucha efectiva por el poder, demandan como condición indispensable que los revolucionarios marxistas, los comunistas, nos organicemos como partido capaz de llevar a cabo esas tareas históricas, adecuando formas y criterios a la realidad y las circunstancias.

 V.- Por causas que no tienen hoy una explicación unívoca e inapelable, el primer intento exitoso de creación de un Estado Obrero comprometido con la construcción del socialismo, nacido de la gloriosa Revolución de Octubre, acabó en la degeneración de su dirección y en el derrumbe de la Unión Soviética, lo cual circunstancialmente volcó las relaciones de fuerzas a favor del imperialismo. Esto redundó en un mayor debilitamiento de las fuerzas revolucionarias en todo el mundo. A partir del rumbo negativo adoptado por la URSS y el retroceso de la revolución mundial la militancia cargó con rémoras de deformaciones ideológicas y políticas; ahora se suma a esto la confusión y en muchos casos la desmoralización. En este cuadro, considero el deber de un revolucionario comunista hacer todos los esfuerzos que estén a mi alcance para contribuir a recomponer las fuerzas marxistas, afirmar las bases de un genuino Partido de lucha anticapitalista, de neta definición marxista, y alentar por todos los medios el estudio, la investigación y el debate franco y democrático para esclarecer las causas del desenlace ocurrido en la URSS, el cual no obstante su grandiosa y catastrófica dimensión actual, entiendo como un momento pasajero en la historia de la lucha de clases internacional, que por ella será asimilado y superado.

 VI.- Dada la confusión ideológica y la disgregación organizativa dominantes en las filas de izquierda, entiendo que una perspectiva seria de recomposición de fuerzas requiere una estricta delimitación, a la vez que se procura la unidad del conjunto de la clase obrera y sus aliados. Mi esfuerzo militante, por tanto, apunta a lograr por un lado la unidad de los revolucionarios marxistas mediante una recomposición de fuerzas rigurosa en todos los planos, y por otro lado a labrar la unidad de la clase obrera como tal y de ésta con todos sus aliados naturales.

 VII.- Esto significa un simultáneo esfuerzo por edificar organizaciones que contribuyan a la unidad social y política de los trabajadores, a la vez que se lleva a la práctica un enérgico plan de reafirmación ideológica, delimitación política y recomposición organizativa entre todos aquellos que nos reivindicamos marxistas, avanzando con prudencia pero sin vacilación ni demora hacia la realización de un Congreso de fundación -o refundación- de un partido de los revolucionarios marxistas.

 VIII.- Tras este objetivo, mi compromiso individual consiste en reafirmar mi carácter de militante revolucionario marxista, comunista, y poner el mayor empeño para que la recomposición de fuerzas transite por carriles objetivos, con base en la discusión de postulados ideológicos, contenidos programáticos, criterios organizativos y políticas concretas.

 IX.- Las profundas heridas producidas en las filas revolucionarias por la deformación del concepto de militante comunista, exigen un replanteo radical del significado de la organización partidaria, sus cuadros dirigentes y su militancia de base. Ese replanteo no debe ni puede partir de acusaciones personales sino de conceptos depurados por la experiencia histórica y su reafirmación teórica. Las responsabilidades individuales por errores, desviaciones y deformaciones del pasado serán juzgadas en términos políticos, con base en el ejercicio efectivo de la democracia de los trabajadores. Y el único tipo de impugnación aceptable para vetar a un/a compañero/a su derecho a emprender el camino de la recomposición de fuerzas y la refundación de un partido de los comunistas será aquél que se apoye en cargos relativos a la moral revolucionaria y la ética militante, debidamente avalados por pruebas fehacientes.

 X.- Entiendo igualmente que como punto de partida en el proceso de recomposición es necesario poner estrictos límites ideológicos y políticos.

 XI.- La oposición al Frepaso y la Alianza, al igual que la negativa a integrar todo y cualquier frente conducido por la burguesía en cualquiera de sus sectores, así como la aproximación con el máximo de respeto y la defensa incondicional frente a todas las direcciones revolucionarias del mundo -y en particular a la dirección del Partido Comunista de Cuba- manteniendo a la vez la más absoluta independencia de criterio y libertad de opinión frente a todos ellos, si bien insuficientes, son parámetros necesarios para dividir aguas entre quienes pueden y quienes no pueden sumarse inicialmente a este proceso.

 XII.- Con base en estos postulados, asisto al Encuentro de revolucionarios marxistas, en el cual ejerceré mi derecho democrático de exponer y/o respaldar posiciones destinadas a traducir la idea general en un plan político que arme táctica y estratégicamente a la militancia para la acción inmediata, en tanto avanzamos hacia la realización de un congreso fundacional del partido de los revolucionarios marxistas.

 

Lugar y fecha:

 Firma:

 Aclaración:

 (Nota: si lo considera necesario, firme con pseudónimo; el reconocimiento de cada participante, de todas maneras, requiere el aval de otros/as dos compañeros/as).

 

Plan de trabajo hasta diciembre

Entendemos que con estos puntos se logra el doble objetivo de consistencia y amplitud. Pero antes de ponerlo en circulación es preciso acordar exactamente en los términos del Compromiso Básico. Esto supone un período preparatorio en el cual individuos y organizaciones dispuestos a emprender la tarea reformulen y definan un texto común y lo rubriquen formalmente.

A partir de allí, habría un instrumento preciso para que en torno a él se formen las juntas promotoras. Será tarea de éstas contactar y organizar a todos/as aquellos/as militantes, grupos y organizaciones dispuestos a trabajar por este objetivo. Y promover la autoorganización de nuevas juntas en barrios, lugares de trabajo, localidades, etc; en la convicción de que sólo una participación plena de cada uno podrá llevar a la superación de la actual dispersión.

Hay, por tanto, una primera tarea de difusión de un cuerpo básico de ideas y de autoorganización en torno a ellas. Dado ese paso, cada junta organizará el debate y la profundización del Compromiso Básico, llegando tan lejos como le resulte posible en la elaboración de lo que entiende deben ser los principios, la plataforma, el programa de acción y los criterios de funcionamiento del partido a fundar.

En la medida en que, por definición, durante este primer período no habrá un centro organizador, la circulación de la producción resultante de este trabajo quedará limitada a las capacidades propias de cada junta. Es previsible que varias publicaciones de mayor o menor alcance se dispongan a brindar sus páginas para que este proceso se lleve a cabo (desde luego, Crítica hace un compromiso formal al respecto). Aun así -y en tanto estamos proponiendo la creación de cientos de juntas promotoras- no es dable garantizar una distribución adecuada a nivel nacional y con garantía de que cada militante involucrado en este propósito reciba los materiales eventualmente producidos en todo el país.

Ese objetivo se podrá alcanzar recién en la Conferencia. Y por eso mismo, este encuentro no podrá ser más que un primer peldaño en la recomposición orgánica de las fuerzas revolucionarias marxistas.

Pero si sobre estas bases se logra reunir un número significativo de militantes de todo el país, y a esa Conferencia se arriba con propuestas concretas presentadas como anteproyectos de Declaración de Principios, Plataforma general, Programa de Acción y Estatuto, allí podrá conformarse, según el voto universal de los delegados, un centro coordinador nacional -y tantos centros regionales como sean necesarios- con el mandato expreso de organizar, según modalidades y plazos que allí se definan, un Congreso Fundacional.

A esto los convocamos, compañeras y compañeros.

Desde estas páginas hemos definido nuestra concepción de partido, pero cabe resumirla ahora, a modo de compromiso formal de nuestra parte.

 

 Un partido a la altura de las nuevas circunstancias

Durante décadas se han acumulado en las filas revolucionarias metodologías y teorizaciones que han confundido naturaleza y carácter de un partido marxista y han impuesto una cultura que debe ser barrida como punto de partida para encarar con seriedad la tarea de edificar una organización capaz de afrontar las exigencias de nuestro tiempo.

Un revolucionario es ante todo un rebelde. La imprescindible disciplina de una organización que pretende enfrentar al poder burgués para vencerlo, no puede contradecirse con este principio elemental. El funcionamiento de un partido revolucionario marxista, por tanto, excluye el adocenamiento, la verticalidad, el ocultamiento o la marginación de las diferencias de cualquier tipo. Y repudia el fetichismo de los cargos directivos y su utilización como principio de autoridad.

El pensamiento burgués concibe la armonía como la ausencia de conflicto; el pensamiento marxista la entiende como un orden superior en el cual la confrontación es parte inseparable de la identidad fundamental. Por lo mismo, los criterios de funcionamiento de un partido revolucionario marxista deben sostener como principio el derecho a la expresión orgánica y formal de opiniones diferentes a las de las mayorías, pero sobre todo garantizar que el paso previo a la afirmación de posiciones y diferencias (es decir, la investigación, la búsqueda y el debate), sea parte de la vida normal de la organización y sus militantes. Esto supone no sólo la admisión, sino el aliento a la existencia de revistas teóricas, publicaciones individuales o grupales, el estudio, la investigación y la defensa de las posiciones a las que se ha arribado.

El pensamiento burgués concibe la diferencia como un choque de individualidades en procura de prestigio y posiciones de poder; el pensamiento marxista la entiende como la parte inseparable de un todo armónico en el constante esfuerzo colectivo por la aproximación a la verdad. Por ello, la pretensión de anteponer opiniones individuales o sectoriales por sobre la que predomine en un determinado momento es tan inadmisible como lo es la idea de acallar voces disidentes o heterodoxas. Quien se dispone a integrar un partido de combate contra el capital, asume como principio el ejercicio inapelable del centralismo, cuya fortaleza reside en la adopción democrática de las posiciones estratégicas y tácticas de la organización y en la elección igualmente democrática de los integrantes de los cuerpos deliberativos y ejecutivos responsables por la articulación y aplicación efectiva de aquellas posiciones.

 

Vanguardia y masas

Está fragmentada y dispersa la primera línea en el combate de clase porque fragmentadas y dispersas están las masas. Una combinación de razones históricas sostiene desde antes del cuadro coyuntural actual esta doble disgregación. La unidad social y política de las masas explotadas y oprimidas es un objetivo estratégico inseparable de la recomposición de fuerzas marxistas. La predominancia de una u otra tarea es una mera decisión táctica. La forma concreta que adopte la unidad social y política de las masas depende de un cúmulo de circunstancias en constante mutación. Por ello, cabe siempre la discusión táctica al respecto. Pero esto supone que todo accionar de los marxistas en función de la recomposición de fuerzas afirmará desde el punto de partida la necesidad de bregar por la unidad social y política de las masas; lo cual a su vez afirma como principio la búsqueda y defensa irrestricta de vínculos políticos y organizativos con las masas y sólo a través de ellas con sus eventuales vanguardias.

Por lo mismo que no todos los revolucionarios son marxistas (lo inverso también es verdad), la condición de luchadores de primera fila no conlleva necesariamente la asunción de una estrategia de revolución social sobre la base de masas conscientes, organizadas y en ejercicio pleno y directo de la democracia. Quienes sí asumimos tal estrategia y concebimos la lucha de clases como un combate mundial de los explotados contra el capital, entendemos la unidad con otros destacamentos de vanguardia como una función de la unidad social y política del conjunto y no como un instrumento para alentar o conducir este objetivo.

 

Espontaneidad y conciencia

Contribuir a la educación y organización de las masas, armar los innumerables instrumentos necesarios para ello, desarrollar esa actividad como eje articulador de todo accionar político, será un objetivo en torno al cual cimentaremos un camino de recomposición de fuerzas. Desde los órganos centrales de agitación, propaganda y elaboración del partido revolucionario marxista corresponde promover la proliferación de publicaciones de todo tipo y envergadura (desde revistas teóricas a boletines barriales o fabriles), centros de estudio, sistematización de conferencias y debates, con el máximo de autonomía y donde los propios participantes definan su grado de aproximación o identificación con el partido de los revolucionarios marxistas.

Subrayar el papel decisivo de la conciencia social para la edificación de una sociedad de hombres libres no supone desestimar el papel de la espontaneidad de las masas en su rebeldía contra la explotación. En épocas normales, el proletariado y el conjunto de los estratos explotados y oprimidos de la sociedad no tienen conciencia ni voluntad revolucionaria. Por ello, en lugar de resolverse gradualmente, las contradicciones se acumulan durante largos períodos en los que las víctimas del capital se someten más o menos mansamente y sustentan con su conducta social y sus ideas el poder de la clase enemiga. En un determinado punto -al cual se arriba con prescindencia de la voluntad de las clases y sus partidos- aquellas contradicciones estallan y rompen las cadenas visibles e invisibles del control social. Es la hora de la sublevación de las masas. Y no necesariamente culminará en revolución victoriosa. Entre los numerosos factores que definirán esa confrontación están justamente la existencia de una instancia de cohesión social y política del conjunto de los explotados; y de una formación de cuadros capaces de asumir el comando del combate con todo lo que esto implica.

 

Historia, presente y futuro

Atravesamos una etapa en la cual la lucha de clases internacional, para hallar un cauce de realización exitosa, reclama una síntesis de más de un siglo de teoría, organización y combate del proletariado moderno. Estudiar y debatir esa historia es una condición para afrontar el presente y el futuro. Pero la historia no puede someterse a votación. Un partido revolucionario marxista no puede tener como condición de pertenencia la unanimidad de opiniones frente a acontecimientos fundamentales del desarrollo humano. Eso equivale a pretender congelar la historia. Y congelar la historia en una opinión única equivale a impedir la reflexión presente y clausurar todo pensamiento proyectado hacia el futuro.

Un partido revolucionario marxista debe levantarse sobre un programa de lucha anticapitalista, principios de acción política y una estrategia para que las masas asuman el poder en sus manos. El ejercicio de la democracia obrera y la participación plena de su militancia, enraizada en la clase obrera y el conjunto de la sociedad, hará el resto. Investigaciones y debates sobre acontecimientos clave de nuestra clase deben ser alentados como parte de la vida normal de la organización. Lo mismo vale para elaboraciones sobre la actualidad o proyecciones futuras. No es tarea de un cuerpo ejecutivo impedir o reglar las expresiones de investigación y búsqueda de respuestas al desafío futuro. Una militancia educada y consciente de sus derechos y obligaciones sabrá poner en su lugar a cada una, cuando en la periódica definición de lineamientos y personas encargadas de aplicarlos, los Congresos, aquella labor teórica se traduzca en propuestas políticas.

 

Pensamiento y organización

Existen hoy numerosos órganos de elaboración y debate teórico-político. La eventual convergencia de sus integrantes en un partido revolucionario marxista no presupone necesariamente su desaparición o fusión en un órgano único. Del mismo modo que es inútil duplicar esfuerzos cuando hay bases suficientemente sólidas para proyectar con mayor amplitud y potencia una labor de elaboración y propaganda, sería erróneo forzar la desaparición de publicaciones distinguidas por rasgos particulares en su posicionamiento respecto de cuestiones teóricas.

La evolución de esas particularidades puede eventualmente llevar a una incompatibilidad con los fundamentos del partido que integran. O pueden resolverse en una síntesis superadora. En cualquier caso, el saldo será de signo positivo para la militancia como individuos y la organización como conjunto: el marxismo es una ciencia crítica; la confrontación lo enriquece: porque su negación es dialéctica y asimila de lo que rechaza, con el doble saldo de un conocimiento más aproximado a la verdad del objeto en cuestión y el fortalecimiento de la conciencia -y por lo tanto la confianza en sí mismo- de quienes intervinieron o siguieron el debate.

Crítica adelanta su disposición a autodisolverse para integrar un órgano común al servicio de un partido revolucionario marxista. Pero esa decidida voluntad no excluye su continuidad si por razones de orden práctico o por diferencias significativas en el plano teórico, aún dentro de los principios y fundamentos que votare un Congreso, considerara necesario su continuidad. Va de suyo que esto mismo lo aplicamos a cualquier otro órgano de investigación, elaboración y debate.

Tanto más en esta coyuntura de convergencia y recomposición que en períodos en los que un proyecto político ha tomado cuerpo en las masas, un partido revolucionario marxista debe estar dispuesto a contener y encauzar diferencias teóricas y/o políticas a través de tendencias cuya adhesión y compromiso con los documentos y el accionar del partido no esté en cuestión y se manifieste en la disciplinada observancia de las resoluciones democráticamente adoptadas por la mayoría en cada instancia partidaria.

 

Manos a la obra

Estos fundamentos no son de una persona, una organización o una corriente: son las columnas históricas forjadas en la lucha obrera por el socialismo.

Miles, decenas de miles de militantes, podemos reconocernos en ellos, hoy, en este país. Es nuestro deber realizar el esfuerzo por darle cuerpo organizativo y capacidad efectiva de accionar político a aquellos fundamentos.

No se trata de deponer posiciones o minimizar diferencias. Sino de probar su consistencia en la fragua del combate social. Dispuestos a defenderlas como minoría si es el caso; y a aplicarlas como conducción de un verdadero partido revolucionario marxista si concitan el respaldo de la mayoría.

El poeta español León Felipe decía desde el exilio:

 “Ya vendrá el viento fuerte

que me lleve a mi sitio

La proximidad de fuertes vendavales se huele en el aire. Cada uno debe elegir cuál es su sitio”.

 

Buenos Aires, marzo de 1999

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