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cumbre de las américas: de monterrey a la habana

América Latina y el Caribe resisten a Estados Unidos

09/09/2004

porLBenCR

 

Crónica analítica de un acontecimiento histórico

 

En estos encuentros presidenciales que han dado en llamarse “cumbres”aparece a las claras la confrontación interimperialista. La Unión Europea tomó la delantera, en 1990, con la seguidilla anual de Cumbres Iberoamericanas. Cuatro años después Estados Unidos replicó con la Cumbre de las Américas, a un ritmo cuatrianial.

Punto de inicio y frecuencia de estos fastos traducen relaciones de fuerzas políticas en la región entre ambos imperialismos en la coyuntura histórica. Pero indican ante todo la disputa de América Latina como mercado y base de sustentación geoestratégica.

La sobreproducción de mercancías acompañada de disminución relativa de la demanda global reclama sin tregua nuevos mercados. La confrontación por los mercados deriva inexorablemente en lucha franca y requiere control político-militar de territorios.

Tras la caída de la Unión Soviética y la desarticulación del Movimiento de Países No Alineados, durante más de una década y media el escenario internacional fue ocupado casi exclusivamente por aquella disputa interimperialista. Las burguesías locales de los países semicoloniales se redujeron a la condición de mercachifles, obnubilados por espejismos de buenos negocios de cortísimo aliento. Los trabajadores y las masas desposeídas, por su parte, sin voz propia, sin conciencia y organización, quedaron fuera del acontecer político.

La imposición de políticas que favorecerían el flujo de enormes masas de dinero a la búsqueda de altas tasas de interés fue el único fundamento económico de la ilusión de estabilidad. Era una manifestación de la crisis provocada por la caída de la tasa de ganancia en las economías imperialistas, pero fue presentada como lo inverso: expresión de su infinito poderío. Duraría poco: durante el último tramo de 1991 y todo 1992 América Latina recibió 166 mil millones de dólares. Es el dinero que flota en el mundo a la búsqueda desaforada de altas tasas de ganancias y que en ese período se movió de Norte a Sur. Con esos 166 mil millones se contrapesó un déficit global de la cuenta corriente en la región por 98 mil millones de dólares. Los principales receptores de ese flujo de capitales fueron México, 75 mil millones, Argentina, 29.300, Brasil, 19.500 y Chile 7.700. Ya en 1993 hubo una caída abrupta a 70 mil millones en total (México 29.500, Argentina 15.000, con los cuales estos países sostuvieron déficits de cuenta corriente de 23.500 y 7.500 millones respectivamente). En 1994 la tendencia cambió drásticamente: el flujo total se redujo a 47 mil millones de dólares. México recibió 10.500 para un déficit de 36.600 millones y Argentina 10.200 para un déficit de 11.200.

Vendría así el colapso mexicano y la caída vertical de Argentina, mientras se asistiría en el sudeste asiático al fin del espejismo de los supuestos “tigres asiáticos” y como expresión de conjunto, el derrumbe bursátil en Wall Street en 1997.

Con ese cambio avanzó hacia el escenario, como actor de reparto, un conjunto creciente de sectores burgueses de los países al Sur del Río Bravo. Sin embargo, éste no haría su aparición hasta que en 1999 irrumpió la Revolución Boliviariana.

Si en el plano interno el presidente Hugo Chávez asestó un golpe decisivo al sistema político corrompido y moribundo, a escala internacional su ofensiva no fue menos contundente: la reorganización de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y la línea de acción regional que pronto plasmaría en una convergencia de hecho con el entonces presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso.

Consciente de lo que estaba en juego, el Departamento de Estado centró su fuego en el gobierno de Venezuela, apoyándose en una oposición interna debilitada al extremo (“escuálidos” los llamaría Chávez) y en su influencia sobre los medios de difusión de masas en todo el hemisferio.

Todos los intentos fallaron. Por el contrario, a fines de 2002 ganó en Brasil el Partido de los Trabajadores (PT), llevando a la presidencia a Luiz Inácio Lula da Silva, con lo cual se abrió objetivamente el espacio para que el eje Caracas-Brasilia se ampliase y fortaleciese. En este punto Estados Unidos había sufrido una sucesión de derrotas políticas sin precedentes. Había perdido la iniciativa y fallado hasta la humillación en sucesivos esfuerzos por retomarla.

Luego la debacle argentina tendría una deriva para muchos inesperada; algo similar ocurriría con Paraguay; caería el gobierno títere en Bolivia; se fortalecería la perspectiva de una victoria del Frente Amplio en Uruguay y se debilitarían al límite de la sobrevivencia los gobiernos de Perú, Ecuador y Colombia, mientras se perfilan triunfos electorales de fuerzas antimperialistas en El Salvador, Panamá e incluso Nicaragua.

Es con este telón de fondo que el timorato actor de reparto dio un paso, subió al escenario y, arrastrado por fuerzas que no controla y escasamente entiende, quedó en el foco de la atención internacional. Eso ocurrió en Monterrey.

Una investigación concienzuda revelará un dato clave: el papel de Hugo Chávez en este salto al centro del tablado por parte de un número de presidentes que, a estas horas, se pregunta cómo fue llevado allí y en algún caso retrocede a zancadas. Pero no es ése el objetivo de estas páginas. Este es un informe preliminar y crónica inmediata de la Cumbre de Monterrey y del inesperado colofón, en una Sesión Complementaria, cuando Chávez viajó a la Habana y se reunió con Fidel Castro, el único presidente excluído de estos encuentros promovidos por Washington.

El hecho es que ahora ya toma cuerpo un cuadro de situación diferente a escala internacional. Las burguesías succionadas por el imperialismo, de buen o mal grado, entraron a la lid. Y los obreros, los campesinos, los pueblos originarios y las masas marginalizadas por la crisis capitalista terciaron en la confrontación, siquiera de manera indirecta y esquinada a través de Lula y, sobre todo, de Hugo Chávez.

He aquí los episodios que resumen ese cambio cualitativo de la confrontación intercapitalista y la lucha social.

 

Caracas, 18 de enero de 2004

 

 

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