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Argentina en las vísperas

15/05/2022

Con sigilo de salteador nocturno, el gran capital busca salida a la trampa en la cual ha encerrado al país. Apuesta a negocios inesperados, a causa de la guerra en Ucrania. Para alcanzarlos respalda a Alberto Fernández y su vapuleado ministro de Economía.

A la cabeza de los conjurados está el grupo Techint y grandes productores agrarios. Segundas y terceras líneas de la burguesía alientan a Washington para aferrarse a esta supuesta tabla de salvación: reemplazar a Rusia y Ucrania en el suministro de gas y cereales para la Unión Europea; desarrollar Vaca Muerta a toda marcha y multiplicar la productividad agropecuaria. Con este plan empujaron a Fernández a una súbita gira por España, Alemania y Francia. Envalentonado, el viajero hasta se animó a lanzar a distancia su candidatura presidencial para 2023.

La táctica del gran capital incluye una ruptura formal con Cristina Fernández y su menguada tropa. El desastre electoral en las legislativas de noviembre último le asestó un mazazo del que no podrá recuperarse y deja ese bloque jamás fraguado a merced incluso de un elenco como el que ocupa el actual Ejecutivo. Según los teóricos del gran viraje Argentina comenzaría un período de abrupto crecimiento y bonanza económica, con apoyo del FMI y una recomposición del espectro político. La condición es liberarse de la camarilla protoburguesa llegada al poder con Néstor Kirchner, puesta en la picota por su desenfrenada corrupción y convertida en intento fallido tras el contrataque exitoso del capital tradicional. Hasta han encargado a la Fundación Mediterránea un plan económico alegadamente apolítico, a ser aplicado por quienquiera que llegue al poder en 2023. Sobran los aspirantes ya comprometidos a cumplirlo.

No se alinean estrictamente a esta quimera -aunque tampoco la enfrentan- los sectores de la burguesía amarrados al mercado interno. Entienden que, aparte las dificultades de poner a punto, en un plazo relativamente breve, producción y transporte de gas a la vieja Europa, la demora hace riesgoso el manejo de la coyuntura social. Las empresas consultoras de todo el espectro, habitualmente locuaces ad nauseam, hacen silencio cuando se las indaga sobre las posibilidades de eludir una gran conmoción social antes de diciembre de 2023. Una causa más para la fragmentación. ¿Adelantar elecciones? ¿Acelerar la ruptura de Juntos por el Cambio para poner a la UCR y otros flancos menores en bloque con el oficialismo para llegar a los comicios? Entre estas alternativas se debaten las diferentes franjas del capital.

Atónitos gobernadores peronistas, pieza clave en este intento desesperado, deliberan sobre el modo de actuar en la emergencia. La CGT no tiene dudas: alineada con el oficialismo desde antes de que este ensueño tomara forma, redobla su empeño tras la idea de un gran acuerdo nacional para respaldar a Fernández y descartar a su vice acorralada. El infantoizquierdismo socialdemócrata no registra todavía esta maniobra del gran capital, sigue y presumiblemente seguirá en cualquier caso con la estrategia de sumar votos en la próxima contienda electoral, sea cuando fuere. Los saltimbanquis del liberalismo farsesco, disfraz del fascismo irresuelto, repetirán denuncias y se alinearán a las órdenes de sus mandantes, si estos llegan a algún punto de acuerdo.

Mientras tanto, tasas de inflación desorbitadas sirven al gobierno y el gran capital para licuar salarios y, sobre todo, aminorar la deuda oficial en pesos, la cual está fuera de todo control y amenaza con la erupción de un volcán financiero.

 

En el umbral

En cualquier hipótesis, en el paréntesis histórico abierto hace dos décadas y ahora cercano a su fin, con o sin acontecimientos convulsivos, emergerá una realidad hoy invisible. La ciudadanía percibe la inminencia de esos cambios. En medio de un malestar generalizado, contiene el aliento a la espera de lo que supone fuera de su alcance.

Con un gobierno fragmentado, paralizado y cubriéndose de ridículo cada día, sin autoridad alguna, las incógnitas dominantes en el conjunto social aluden a lo inmediato. La burguesía oculta su plan estratégico. Las clases dominantes han perdido sus instrumentos para ejercer el poder -institucionalmente o por la fuerza cruda- y lo mismo ha ocurrido con los medios sindicales y políticos de que se valió la clase obrera para defender sus intereses inmediatos. Los de arriba tienen terror de una dinámica de anarquía generalizada. De hecho, la integridad misma del país está amenazada. Es obvio que en el transcurso de la crisis en curso se reconfigurarán los alineamientos de clase, el sistema de partidos y, sobre todo, la conformación social y la conducta de las clases y sectores componentes. Las coaliciones hoy trastabillantes se reformularán. Acaso surgirán nuevos partidos.

Como queda dicho, en la dramática coyuntura internacional definida por la crisis del capitalismo y la guerra entre la Otan y Rusia, el sector más poderoso de la clase dominante en Argentina ensaya una maniobra estratégica en su exclusivo beneficio. Puede hacerlo por la inexistencia de una clase obrera para sí, es decir consciente y organizada. Esta carencia define la tarea histórica a cumplir.

14 de mayo de 2022

@BilbaoL

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